ISABELLA


 Mi chiquita que ya no es tan chiquita.

Crecés como crecen las flores testarudas: con cambios, con sobresaltos y con ese desorden hermoso que trae la adolescencia… pero seguís siendo vos, esa luz suave que nunca se apaga.


Tus ojitos chinos siguen mirando con la ternura de siempre.

Tu sonrisa, chiquita pero poderosa, todavía gana batallas que ni imaginás.

Y tus abrazos… ay, tus abrazos… todavía pueden soldar mis huesos y dejarme el alma derechita.


Te extraño entera: tu voz que cura, tus pasos entrando en casa sin pedir permiso, las compritas improvisadas, tu mano buscándo la mía, ese amor único que llevás en el pecho.


Desde acá, mi cielo, te deseo una felicidad grande, redonda, indomable.

Y que nunca olvides: mis brazos siguen abiertos, esperando ese momento perfecto en que la vida nos vuelva a juntar.

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