Y aún, por las noches, me despierta el eco de ese silencio abrumador. El miedo que impregnaba mi vida, la miseria que la paralizaba en nombre del amor. En mis sueños, aún, puedo sentir mis lágrimas, oír mis súplicas, oler la tristeza que me habitaba. Algunos días, el sol se esconde detrás de nubes negras, cargadas de recuerdos, pobladas de silencios impuestos, de sonrisas apagadas. Todavía hay momentos en los que me aterra mirar hacia atrás, porque temo encontrar esa sombra que por años me acompañó. Aún hoy me asusta mirarme en el espejo: temo encontrarte en el reflejo, como quien nunca abandona a su presa. Pero otros días… siento que las cuerdas que me ataban a vos se rompieron para siempre, que todo es parte de otra vida, de otro tiempo. La mochila ahora está vacía o al menos, solo carga cosas mías. Y esos días, el sol calienta y brilla más que nunca. Las noches son más tranquilas, y el aire entra y sale de mí, más limpio, más liviano, como si aquella mordaza fuera solo un recue...