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Mostrando entradas de noviembre, 2025

Insomnio

 Me visitás por las noches, llegás a hurtadillas, como un amante que espera la oscuridad para entrar en silencio. Me acompañás, marcás el compás de las horas en las que yo, taciturna, doy vueltas en la cama. Me embriagás entre recuerdos y nostalgia, me invitás a pensar, a proyectar cosas posibles, cosas imposibles… Y cuando por fin sucumbo a tus encantos, te marchás con el alba, con el sol que asoma por la ventana como único testigo.

Batalla

Parece que duermo… pero no. Mi cabeza jamás descansa: en ella se liberan mil batallas diarias. A veces gana, a veces pierde, pero siempre lucha. No siempre pelea con monstruos: a veces lo hace con el repiqueteo de campanas lejanas, esas que se escuchan en noches frías y oscuras, donde todo pesa más. Cada campanada trae un recuerdo, una anécdota, o el silencio de esa ausencia que duele aún. Otras veces le gana una danza de pensamientos hostiles, esos que todos tenemos pero que pocos reconocemos. Esos que, cuando aparecen queremos espantar con un sacudón. Por momentos se cansa. Llora en silencio. El dolor la adormece… Y cuando parece morir, aparecen los recuerdos: de la casa, de mi casa, esa que espera dormida el momento de verme regresar, la sonrisa de mi hijo, el abrazo de mi madre, las charlas con mis hermanas y los ojitos chinos de Isa. Entonces ahí, parece resucitar, y pelea con más fuerzas, tratando de dividirse entre Las Heras y Cuadro Benegas. Y entonces comprende que no debe luc...

Donde empieza el después

 Y aún, por las noches, me despierta el eco de ese silencio abrumador. El miedo que impregnaba mi vida, la miseria que la paralizaba en nombre del amor. En mis sueños, aún, puedo sentir mis lágrimas, oír mis súplicas, oler la tristeza que me habitaba. Algunos días, el sol se esconde detrás de nubes negras, cargadas de recuerdos, pobladas de silencios impuestos, de sonrisas apagadas. Todavía hay momentos en los que me aterra mirar hacia atrás, porque temo encontrar esa sombra que por años me acompañó. Aún hoy me asusta mirarme en el espejo: temo encontrarte en el reflejo, como quien nunca abandona a su presa. Pero otros días… siento que las cuerdas que me ataban a vos se rompieron para siempre, que todo es parte de otra vida, de otro tiempo. La mochila ahora está vacía o al menos, solo carga cosas mías. Y esos días, el sol calienta y brilla más que nunca. Las noches son más tranquilas, y el aire entra y sale de mí, más limpio, más liviano, como si aquella mordaza fuera solo un recue...

De palo a palanque

 Mi alma se despegó del pellejo, flota en un aire más pesado que el plomo. Estoy cansada de ser palo; quiero ser palenque, donde pueda soltar raíces, descansar hojas, respirar sin miedo. Y sé que volverá, ligera, susurrando a la luna que también está bien dejar de sostener.