Batalla


Parece que duermo…

pero no.

Mi cabeza jamás descansa:

en ella se liberan mil batallas diarias.

A veces gana, a veces pierde,

pero siempre lucha.

No siempre pelea con monstruos:

a veces lo hace con el repiqueteo de campanas lejanas,

esas que se escuchan en noches frías y oscuras,

donde todo pesa más.

Cada campanada trae un recuerdo,

una anécdota,

o el silencio de esa ausencia que duele aún.


Otras veces le gana

una danza de pensamientos hostiles,

esos que todos tenemos

pero que pocos reconocemos.

Esos que, cuando aparecen queremos espantar con un sacudón.

Por momentos se cansa.

Llora en silencio.

El dolor la adormece…

Y cuando parece morir,

aparecen los recuerdos: de la casa,

de mi casa,

esa que espera dormida el momento de verme regresar,

la sonrisa de mi hijo,

el abrazo de mi madre,

las charlas con mis hermanas

y los ojitos chinos de Isa.


Entonces ahí,

parece resucitar,

y pelea con más fuerzas,

tratando de dividirse

entre Las Heras

y Cuadro Benegas.


Y entonces comprende

que no debe luchar contra ninguna geografía,

pues ella es eso:

la que se quedó allá,

sumida en la tristeza,

en el desamor,

en la traición.


Pero también es ésta

que desde acá sigue luchando,

porque no se va a resignar

a qué su vida, tenga un final, que no sea un final feliz.

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