Hoy me invade la melancolía, hojas sueltas que giran en mi pecho, historias que susurran entre paredes y aromas. Cierro los ojos… me siento allí, en ese lugar que fue mi refugio, ese que, aunque lejano, habita entero en mi corazón. Oigo su aire, siento su olor, y necesito inflar mis pulmones de él para respirar un año entero en un solo suspiro. Las añoranzas me rodean, recorro la ruta en mi memoria, camino el sendero único que me lleva a casa, a esa casa que respira historia, a esas paredes que guardan secretos, a los fantasmas dormidos que esperan ser abrazados. Extraño los mates de mi madre, las charlas con mi hijo, las risas con mis hermanas, los juegos, las voces, los abrazos de ese puñado de sobrinos que la vida me regaló. Mi ser se inunda del paisaje: los viñedos, los días de verano, la luz que besa cada rincón, los amigos que son familia, la memoria que se hace presente. Desde el sur del país mi corazón añora San Rafael, esperando el momento de volver, de caminar sus calle...