Desencuentro

 En el andén, ilusionada y con los pies empinados entre la multitud, María lo esperaba; el tren emitió su último pitido.

Ella subió con su maleta a cuestas y una lágrima rodando su mejilla, el tren emprendió su marcha.

Él llegó a la estación, con una flor marchita en la mano.

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