Despertar...

 Increíblemente las relaciones que más mal nos hacen, son las  que más nos duran, y así pasamos buena parte de nuestras vidas, sobreviendo, creyendo que ese es nuestro destino y aceptándolo, con quejas pero resignados. Pero un día, vaya uno a saber porque, despertas, de ese letargo añejo, y te das cuenta que no querés sobrevivir, sino VIVIR; y algo mágico empieza a suceder: empezas a resurgir, de a poco, vas encontrándote de nuevo, a veces muy lejos, de lo que considerabas tu hogar, con nuevos desafíos, con gente nueva, con trabajos inesperados, pero con algo que hacía mucho tiempo que no sentías: ¡paz y felicidad! No olvidemos nunca, que siempre se puede volver a empezar, y que nunca  es tarde para empezar o volver a ¡amarse!


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